Resulta que el 12 de diciembre arribé kamikazmente a Córdoba. (Kamikaze, un ataque suicida de mis miedos contra mis límites internos. Era ganar o ganar.)
Alto viaje. ALTO. ALTÍSIMO.
Hay mucho para compartir de esta experiencia, y mucho más que elaborar aun. Por eso, empiezo por publicar una promesa que le hice a unas personas mucho muy especiales.
Una tarde en Agua de Oro prometí hacer un fotomontaje de una nota en una revista tipo Glamour. Y bueno, me entusiame y terminé editando una "nota de dos páginas", Ja!
Acá la imagen de mi versión de la Glamour y más abajo parte del texto:

Antes de leer, musicalizate con "Olvidar" de Zona Ganjah (de paso se lo dedico al Choro ;)
Dale PLAY ♫
El bolso
DE LA TEMPORADA
La nota original decía que "este verano saldrás de
casa con lo puesto, ¡y no necesitarás más!"
Me atrevo a decir que siempre es así. Aunque no
siempre me atreva a creerlo.
Si nos referimos a lo puesto dentro de uno mismo,
ni en pedo cabe en un bolso.
Y estando en la orilla del río en Agua de Oro, las sabias palabras en la Glamour nos sorprendieron. Alberto y su fulana nos daban valiosísimos tips para una plena (¿o plana?) relación de pareja. Como no hacerse un facial cuando él está presente o él sugería que ella no usara ropa interior color “bla” porque aparentemente ese “color” es como el de la piel y ella parecería desnuda y eso a él lo “horrorizaba”.
Creo que la Verita ya se había dormido. Sí, ya estaba cual angelito paseando por su inconsciente.
Primero nos fuimos al río las chicas solas. El plan era dormir la siesta. Plan simple, necesario. Y si no lo era, para mí era hermoso hacer lo que fuera en ese lugar tan tranquilo y bello y tan lleno de recuerdos también. (Agua de Oro era lo único que yo conocía de Córdoba, por el viaje de egresados de séptimo grado a la mega casa que tenían las hermanas de mi escuela católica, y después volví al mismísimo lugar a los 16 con mis amigas porque eramos tan buenas y colaboradoras en el colegio que las hermanas nos mandaron solas ahí una semana all inclusive. Ser una adolescente predispuesta y desinteresada a veces tenía sus zarpados beneficios.)
Pero la Vera no quería que nos durmiéramos sobre SU colcha. He aquí el motivo de su muy expresado descontento. (Esto me trae a la mente un berrinche de Luca, el hijo de Jenni. La semana pasada fui a cenar con ellos y me quedé a dormir. Una especie de “adaptación” como hacen los nenes al comenzar el jardín de infantes, porque me voy a ir a vivir con ellos. Mientras cenábamos charlábamos los tres, pero él hablaba encima nuestro o cambiaba de tema. Terminó lloriqueando y era de esperar. A pesar de que se lleve bien conmigo, yo no dejo de ser un elemento extraño en su casa. Eso lo incomodaba y lo expresó como pudo.
¡Bien Luca! ¡Bien Vera! Bien por los que aun no saben disimular lo que sienten. Ojalá nunca aprendan. Ojalá nosotros recordemos.)
Volviendo a la orilla del río y a la Glamour, la Aye había logrado calmar a la Vera y los chicos ya se nos habían unido. (No es que la naturaleza no fuera suficientemente interesante para captar toda nuestra atención, sin embargo el contraste entre lo que nos rodeaba y la semejante pelotudez de la nota hacía muy divertida la lectura y yo valoraba aun más el pastito fresco que me hacía cosquillas entre los dedos de los pies.) El Pablo y el Rodo habían estado trepando-escalando unas rocas en la otra orilla. El Diego se vino directo con nosotras. Cagadas de risa tratábamos de pasarles los infalibles conocimientos de Alberto, pero no nos daban mucha pelota que digamos.
La Anyka seguía leyendo la revista. Y ahí encontramos la info precisa de lo que debe contener el bolso de una mujer que se considere tal. Que la crema sarasa, que el brillito de bla, que las gafas, que bla, bla. Qué risa! Más risa nos dio darnos cuenta de que entre los 3 bolsos femeninos juntábamos todas esas huevadas, más el mate, el toque local!
En realidad yo solo aporté las gafas.
Fuimos poniendo los artículos todos juntos, y foto!
La Gaviota Flashera
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